A veces pienso en mi como una extraña que tiene y cuenta mil historias, imagina tramas, amoríos secretos, encuentros fugaces, ventanas, encuadras. Saca fotos de rollo de pura nostalgia, o porque cree en la magia o le quedan algunos pocos objetos sagrados.
Me contó que volvió y buscó en ciertas personas amigos que había dejado hace un tiempo. Que algunos encontró como siempre, que otros encontró mejor, que algunos ya no estaban. Se habían transformado en tormentos del tamaño de un vaso cervecero, una botello de litro o un balde. Me dijo que de esas nubes llovían preguntas sobre quién era ella, si hacía bien, qué esperaba después de todo. Y de aquel grupo de amigos, le pregunté, de aquella dinámica colectiva, de aquella risa contagiada, de esa sensación de pertenecer, dónde están esos. Había vuelto, me dijo, a una de sus reuniones. Se había sentado en la silla con otros que ahora sentía cercanos. Estaba nerviosa, fumaba cigarrillos prestados y hablaba rápido.
Me contó que fue como la huerta de su abuelo. La última vez que fue a visitarlo le preguntó cómo la traía, y fue a ver en qué estado estaba. Ella solía ayudarlo a mantener las plantaciones sanas cuando era chica y hacía mucho que no pisaba esa tierra. La huerta ya no estaba en el cuadro del molino, ahora quedaba al lado de la cabaña. No había papas, pero había muchos zapallos. Tampoco zanahorias o frutillas. Los tomates seguían ahí, pero eran más cortas las filas y estaban desprolijos. Los arregló, para que no se pudriera el fruto. Sujetó las ramas a las cañas, ajustó hilos de plástico verde, enterró bien las guías. Realmente todo había cambiado, sólo algunos rastros quedaban de la vieja huerta. Eso, y la tierra, que nunca dejó de ser buena. Siempre podría sacar de ella lo que quisiera.
Mostrando entradas con la etiqueta amigos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amigos. Mostrar todas las entradas
lunes, octubre 25, 2010
miércoles, septiembre 01, 2010
de la vida de las valijas
Imaginate que las valijas estuvieran vivas. Y cuando las tirás ahí, en la cinta del check in, medio que se quejan. ¿Y qué comerían? Ropa. No, ropa no pueden comer. No, es verdad, sería muy caro. Mmm... ¡Ya sé! Cierres relámpago. Y comen cierres, entonces producen cierres. Y las valijas gordas tienen más cierres, porque comen más. Claro. ¿Y qué hacés cuando se muere una valija? ¿La enterrás en el patio? Si, puede ser que cuando están viejas las dejes en tu jardín. Si, hasta que pasa un cartonero y se la das a él. Como hay cartoneros, y también bottelleros, puede haber valijeros. Si, o como los pasea perros. En vez de pasear perros, pasean valijas en su vejez. Ja.
De esto hablábamos con Luzie ayer, mientras esperábamos en la fila de Iberia. Después comimos una porción de lemon pie con seven up, y yo me fui a mi casa y ella se fue a Berlín. La voy a extrañar.
domingo, agosto 29, 2010
Y me pregunto qué es dormir
Algunos días me ataca un mal humor atroz. Se puede desencadenar por muchas razones: una cosa, una actitud, un dicho. Y me cuesta desmalhumorarme. Lo mismo sucede cuando por una razón, me bajoneo. Últimamente me pasa por que me cuesta encontrar trabajo. Está todo medio parado, y nadie parece necesitarme para nada. Es difícil, pienso, pasar de un escenario de plena ocupación, con trabajo, estudio, a la plena desocupación. El tema es cómo salir de esos estados de humor.
Yo duermo. Se me hizo claro que aplico el sueño como cura cuando una tarde le dije a Luzie "Yo voy a dormir un rato, porque estoy de mal humor, y quiero que se me pase. Y después vamos a [tal lado]".
Como si en el bajón dejara de pisar firme y me hundiera en mi propia persona, en un hoyo oscuro, porque de pronto se acabó el piso, y caigo, caigo, corto el aire al caer a plomo, y de pronto mi conciencia dormida pega un manotazo y alcanza la mano que casi se escapa. Envión como un látigo y ¡plac! piso tierra firme. Despierto. Estoy en el colectivo. Luzie me mira. "You fell asleep again", me dice. "Yes, I feel much better now".
jueves, julio 01, 2010
Cosas que uno aprende haciendo la valija
*La mentalidad de último momento me hace pensar si existirá en algún lado un Primer Momento, con mayúsculas, respetable, querido por todos, pero al que nunca logro identificar. ?¿Será que no existe? Y los que lo vieron, ¿qué? ¿Quiénes son? ¿Dónde están? O más importante: ¿por qué no me ayudan a hacer la valija?
*Hacer la valija después de nueve meses no es empacar tus cosas, es mudarte. La diferencia está en que empacar es seleccionar, doblar y guardar ropa. Y según el tiempo, la ecuación se convierte en: ropa + zapatos para diferentes ocasiones + botas + carteras varias + collares y aritos y pulseras. Mudarte es darte cuenta que aunque ya guardaste toda la ropa, siguen quedando cosas. La ecuación anterior cambia: [todo lo previo] + cajita de jabón + cajita de jabón + libros + poster de teatro + lamina de Degas + apuntes + ropa comprada + regalos.
*No es cierto que puedo sola con dos carromatos de treinta kilos cada uno y tres bolsos colgandome del cuerpo. No. No sé en qué momento lo pensé, pero es ficción al 100%. Por suerte tres amigos me ayudaron hasta el aeropuerto. Mi prima Ohiana me pregunta cómo hice sola en el aeropuerto de Bilbao y desdde allí hasta San Sebastián (donde estoy ahora). No sé. Pero llegué! Lo que no sé cómo va a suceder es viajar a Madrid el domingo. Veremos.
*Uno va y viene, porque resultó ser que en el reparto de almas, le tocó la nómade. También puede ser que uno se haga su propia alma, y creo creer más en eso que en lo anterior. Y lo que uno se lleva siempre es un poquito de todas las personas que encuentra en los caminos, más que las cosas que logra juntar y meter en la valija. Siempre fui y vine mucho, y siempre extraño y me cuesta dejar a la gente. Pero de alguna forma, mi vida previa también me preparó para eso, y no me había dado cuenta. Me mudé siete veces antes de mudarme de Berlín. Guau, si que llevo gente adentro mío.
domingo, marzo 07, 2010
Reirse fuerte
Anoche fue el cumpleaños de Anika, la novia alemana de Juanfe, el amigo argentino de un amigo de Diego, y ahora todos somos amigos. Llegamos al lindo departamento en Wedding, y saludamos tímidamente con un "Hallo". Pensamos que todos eran alemanes. Resultó ser que la mitad de la mesa era argentina, y de Zona Norte. En frente nuestro estaban Leo (compañero de trabajo de Juanfe) y la mujer, y al lado de Diego, Tobías, el hermano de Juanfe. Nuestra mitad de la mesa hablaba casi a los gritos, haciendo aire entre las risas, porque hablamos de todo: de cómo en Alemania no saben cortar carne, de cómo traer carne de Argentina, de un sitio que te vende desde parrillas hasta quebracho para hacer asado (que te sale una fortuna), de una parrilla en Kreuzberg, de los títulos de Crónica TV, de los diarios argentinos, chistes de santeagueños, del colegio católico al que fuimos la mayoría de los que estábamos ahí, del Huerto de los Olivos, de la UCA, de la pollerita de las chicas del Praga, del colegio del Estado. Nos reímos de eso y nos reímos de nuestra risa y al final le dije a Diego hacía rato que no me reía tan fuerte.
domingo, febrero 07, 2010
Bruselas, a la casa de Gönna
Conocí a Gönna cuando hice el seminario en Austria, en 2008, el mismo lugar donde conocí a Sarah. Ella es alemana, así que cuando supe que iba a estudiar en Berlín, le avisé. Me dijo "Buenísimo, pero yo vivo en Bruselas. Vení a visitarme cuando quieras!". Así que hacia allí nos dirigimos después de Amsterdam. El fin de semana se fueron a Estocolmo, y nos dijeron que nos quedemos en su departamento. Diego y yo aprovechamos para conocer más. Bruselas es una ciudad confusa. No hay nada que sea propiamente de esa ciudad, que tenga algún peso histórico. Visitamos el Manneken Pis, una estatuita diminuta que casi no vemos, de un nene haciendo pis en una fuente (?). Por otro lado, Bruselas se presenta como LA CIUDAD cosmopolita. Entrar a un bar es escuchar cuatro idiomas diferentes hasta llegar a la propia mesa. Además, existe un colegio para los hijos de los funcionarios de la Comisión Europea, donde eligen en qué idioma quieren aprender cada materia. Esto me lo contó una amiga de Gönna, cuando le pregunté cuál era la lengua madre de su novio. "Uf, es que él no tiene lengua madre. Fue al Colegio Europeo desde chico, así que habla cuatro idiomas a la perfección". Yo creo que esta diversidad cultural y tolerancia es lo que caracteriza a la ciudad.
Visitamos Atomium, un "monumento" alejado del centro de la ciudad, que se construyó para la Exposición Universal de 1958, la primera después de la Segunda Guerra Mundial. En aquel entonces, y después de tremendo desastre, se planteó el evento como verdaderamente universal. Quería transmitirse un mensaje de tolerancia y multiplicidad, una voluntad por mantener la paz entre naciones. Una de las formas en que se hizo esto fue el empleo de asesoras políglotas que ofrecían ayuda y promocionaban la exposición en toda Europa. En aquel momento era el pabellón principal de la exposición, hoy en día es una bella estructura desde donde se puede mirar la ciudad. Tiene exposiciones sobre futurismo y la idea de modernidad entrando los '60, además de otras exhibiciones temporales.
Esa visita estuvo muy linda también. Lo único negativo fue el domingo, cuando quisimos volver a Berlín y no pudimos, porque el tren se había cancelado. Tuvimos que sacar pasaje para otro tren, y esperar tres horas. En frente nuestro, una loca con barba hablaba con el viento, y Diego me decía que le gustaría saber francés para poder hablar con ella. Yo miraba el reloj y contaba los minutos de a veinte, mientras trataba de resolver un sudoku.
martes, enero 12, 2010
Año Nuevo en Berlín
Las personas que encontramos en el camino nos preguntaban "Y dónde van a pasar Año Nuevo?". "Volvemos a Berlín", decíamos siempre. Y ponían cara de "Uf... Berlín" + sonrisa cómplice. Habíamos escuchado que se ponía genial, y decidimos volver. Es raro, pero la vuelta se sentía como volver al hogar.
En los dorms había bastantes pibes que no se habían ido, o que ya habían vuelto. La noche del 31 hicimos una cena entre todos, éramos cerca de quince. Yo llevé torta brownie para compartir, todos aportaron cosas ricas. Había muchas golosinas rumanas y papás Noel de chocolate.
Año Nuevo en Berlín quiere decir fuegos artificiales constantes desde las seis de la tarde. En nuestra calle había tres grupitos de chicos, cada uno con sus municiones bombardeanos el aire. Y a medida que pasan las horas, se escuchan más y más seguido. A las diez y media nos fuimos a celebrar a otro lado. Alina trajo suika de Bucarest, y los demás aportamos vino y cerveza. Con la mochila cargada nos dirigimos primero a la casa de un ex ECLA, y media hora antes de las doce salimos para Mauerpark, uno de los centros de reunión (otros podían ser Brandenburger Tor, Potsdamer Platz, etc). En esa corrida ebria, esquivando patinadas en el hielo que cubre el piso, en ese momento de "Dale, no llegamos, no llegamos!" suena el celular. Padre me dice "Feliz Año Nuevo!", me pasa con Madre, que no me entiende, me pasa con Facundo (mi hermano). A esa altura yo hablaba en un castellano centroamericano inentendible.
Dejé el celular a un lado, nos juntamos en ronda y contamos de diez a cero. El cielo explotaba con colores. Todos nos abrazamos y saltamos. Diego y yo pensamos que er auna buena idea deslizarnos en bolsa por la nieve. Si, completamente ebrios, nos tiramos por esas colinas nevadas que ven ahí. Después nos encontramos con berlineses copados que nos prestaron sus trineos, y nos tiramos varias veces. Los demás se fueron a una fiesta.
Cuando nos cansamos de caernos, subir, tirarnos, caernos, etc; nos dirigimos a la fiesta. Alina todavía tenía dulce suika. En una casa abandonada de Kreuzberg, la gente bailaba y un dj le ponía mucha onda a la noche.
Ahí nos quedamos hasta que nos duró la ronda. Sumergidos en el festejo socializado de Año Nuevo. Eso es celebrar en Berlín.
viernes, enero 01, 2010
Fui a Friburgo a encontrarme con Sarah
Me encontré con una ciudad hermosa. Friburgo es chiquita, las calles son angostas y muy pintorescas. La mayoría son de adoquines, y están iluminadas con pelotitas blancas. Hay un montón de estrellas de papel rojas, por las fiestas.
Me encontré con un grupo de pibes excelentes. Los amigos de Sarah eran muy divertidos. Salimos dos noches seguidas con ellos a tomar cerveza y nos dolía la panza de reirnos tanto. Yolanda, la amiga de Sarah, estaba estudiando un año en Friburgo, así que hacia allá fueron su novio John, su amiga Katie y otros.
Me encontré con que siempre es difícil decir chau. Me tengo que ir porque mañana viajamos. Nos invitaron a su casa después del Irish pub, pero era muy tarde. Fue realmente genial volver a hablar con Sarah de tantas cosas, y me dio penita irnos. Aunque si la vi super entusiasmada con viajar a Buenos Aires el próximo winter brake (diciembre). No sé, pero creo que la voy a volver a ver =)
*Yo, Sarah, Yolanda
Suscribirse a:
Entradas (Atom)