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miércoles, febrero 15, 2012

Carnaval toda la vida

Estoy trabajando en una semana especial de carnaval para el Facebook de Fundacíón YPF. Va a estar bueno, con distintos contenidos que invitan a los seguidores a participar y anclan en ciertos puntos con la producción cultural que tenemos en la fundación.
Hacer esto me llevó a pensar mucho sobre el carnaval, su historia y trayecto en nuestro país. El festejo es una buena síntesis de los ritos prehispánicos y las costumbres que trajeron los españoles cuando se propusieron conquistar estas tierras. Así, entré a esta página, que resume cómo se vive el carnaval en los principales destinos argentinos.
Y como buscando se encuentra, y cuando las fechas mandan, las energías confluyen alrededor de las mismas ideas, el domingo encontré esta nota en la Viva. Tiene un fotorreportaje buenísimo y un artículo muy concreto sobre el significado del carnaval, las formas del festejo y los extranjeros que todos los años desembarcan para la misma fecha.

lunes, agosto 08, 2011

Las Chicas de Varela

LCV es un laboratorio geológico y petrofísico fundado por Claudia, Silvia, Patricia, Silvia Luisa, Margarita y María Luisa. Todas comenzaron su carrera en YPF. Contacté a Marilú para contarle la iniciativa del Archivo, preguntarle si quería participar. Y me encontré con una historia increíble: mujeres profesionales atravesadas por la historia de una compañía que se transformó tantas veces. Me mandó un documento con la historia de su laboratorio, que hoy emplea a 50 personas. Entre las líneas estaba esta foto, es de esas que me fascinan: capturan un instante, congelan la acción y transmiten movimiento al que la ve. No conozco a María Luisa personalmente, pero seguro que cuando hablemos me va a contar una historia genial.
 
"En abril del 92 éramos seis geólogas solas, más alguna panza creciendo. Teníamos un solo trabajo solicitado por una mano amiga. Los primeros meses fueron de angustias económicas, de poca experiencia en las tareas independientes y empresariales. Nos faltaba una computadora: una madre generosa nos hizo un préstamo que permitió adquirir la primera PC. Con bebés a cuestas, sin secretaria, sin apoyo técnico ni administrativo, con escaso instrumental, turnos rotativos para optimizar la poca capacidad instalada… Trabajamos jornadas de 12, 13, 14 horas, en ocasiones madrugadas. No lográbamos la apertura de una cuenta corriente en ningún banco, en ese momento todas las instituciones nos dieron la espalda. La excepción fue un banco extranjero.  Tuvimos que explicarle detalladamente al gerente nuestro innovador emprendimiento con “piedras” (no preciosas) y petróleo. Así logramos la apertura, a partir de una visita del incrédulo funcionario al improvisado laboratorio. Luego vinieron algunos viajes, abandonos transitorios a la familia, a los hijos [...]".*
*Un pedacito de la historia de Las Chicas de Varela.

jueves, julio 28, 2011

La historia de la tecnología hiperdesarrollada que se vuelve contra el hombre

Hoy es un día terrible para andar en ascensor. A la mañana el bicho que sube y baja simplemente no venía. Creo que el de al lado estaba roto y el que andaba lo solicitaban todos. Antes que perder el tren, preferí bajar por la escalera. Por supuesto, me encontré en planta baja a uno que bajaba del ascensor, y lo miré mal, porque si loco, me la vivo llamando al bicho bajador y no viene.
Hace un rato, en el trabajo, estaba en el ascensor yendo del piso 17 al 25. En una parte del trayecto, se frenó y se apagó la luz. Éramos fácil diez personas adentro. Me asusté: le tengo miedo a la oscuridad. Se esuchaban algunos resoplidos, breves fastidios de personas que reducían el hecho: hay diez personas encerradas en una caja de metal a oscuras en suspensión a la altura de un piso 23. Cuando se prendió la luz, dije un permiso fuerte (porque estaba en el fondo), me dejaron pasar y me bajé. Una mujer que me siguió dijo algo, yo le respondí que soy claustrofóbica. Eso es cierto, pero además queda mejor que confesar mi miedo a la oscuridad. Subí los dos pisos que quedaban por la escalera. Después tuve que bajar de nuevo (maldito centro de copiado en el piso 17!), y se me cerró la boca del estómago de pensar que tenía que tomar el ascensor. Soy re sintomática. Apreté el botón para bajar. No se prendió la luz que se prende siempre cuando pedís el ascensor. Esperé un ratito hasta que la mala espina se terminó de hundir en mi piel, salí del hall del bicho que sube y baja y tomé las escaleras, 8 pisos abajo. Aún tenía que volver. Un ascensor que subía tenía la puerta abierta. Era el de carga. "¿Puedo tomarme este?", pregunté. Me dijeron que ningún problema.
Ahora estoy en mi escritorio. La pregunta es: cuando tenga que salir, ¿andará el bicho? ¿Estará de humor? Mirá que son 25 pisos... ¿Vendrá Neo a salvarme de la revolución de las máquinas? Yo quiero una cita con el Creador, viejo. Así no puede ser. ¿Mirá si un día se retoba la máquina que registra el ingreso? ¿Y pone que entré a las 10 y salí a las 14? O si se retoba la máquina del café. Y empieza a escupir café, después te tira un chorro de leche caliente en los ojos, te escupe azúcar en el óido y te tira Nesquick en los zapatos. Después salís a tomar aire al jardincito, agobiada por el ataque, y te come un ejército de hormigas. Entonces llevan el resto de tu cerebro aún consciente a su guarida y te das cuenta que es verdad, existe una hormiga gigante que maneja a todas las demás. Tu cabeza se da cuenta que el fin está cerca, pero no puede hacer nada, porque le falta el resto del cuerpo. Hay que tener cuidado con estas cosas. Porque cuando las máquinas y las hormigas se complotan, la historia de la Humanidad como la conocemos puede llegar a su fin. Posta.

miércoles, julio 13, 2011

Cuponizá tu vida (segunda parte)

Carolina Sturla para mi era mi amiga de taller, con quien compartía taxi de vuelta y que trabajaba en la Fundación YPF. Resultó ser la gerente del área de Cultura y Patrimonio. Cuando le escribí un mail diciendo que me gustaría trabajar en la fundación, me dijo que justo estaban buscando a alguien para trabajar en un proyecto concreto. Querían confeccionar el archivo histórico y patrimonio de la empresa, y necesitaban una persona para trabajar en eso. Me aclaró que era temporal, y el otro pequeño detalle: tenía que empezar en una semana.
Me encantó el proyecto. Le dije que si. Después vería cómo se iba dando todo lo demás. Eso fue un viernes. El lunes fue feriado. El martes me llamaron para coordinar una cita. El miércoles a la mañana fui a tres entrevistas diferentes y al mediodía me llamaron para decirme que había quedado. En sólo seis días se había resuelto mi búsqueda de seis meses.
El proceso de partida de Cupónica me llevó 10 días. Tenía que dejar todo listo para la próxima redactora. Y fue en la redacción de ese manual de Copywrite que capitalicé todo lo que había aprendido en la empresa. Todo lo que desarrollé con los textos, el potencial para acciones de marketing, todas las posibilidades para desarrollar la comunidad de Cupónica se presentaron ante mis ojos.
Así recordé lo mucho que me había divertido escribiendo esas historias. Y la verdad que la pasaba muy bien. Cosas que descubrí:
- El marketing puede ser muy divertido y entretenido
- Se hacen grandes amigas en el trabajo
- La Torá todo lo dice: pasado, presente y futuro
- Shabat empieza los viernes a la tarde y dura hasta el sábado a la noche
- Las personas que trabajan en atención al cliente son lo más. Se merecen todo mi respeto
- Los usuarios son demasiado viles con quienes les prestan un servicio
- Existe una máquina que sólo bate leche y hace espuma para el café. Excelente
- Hay gente que le dice hija a su perra diminuta, con un moño en la cabeza
- No importa cuáles sean tus creencias religiosas, Yhavhé te encontrará en el cielo y te juzgará con todos tus ángeles buenos y malos
- Soy una persona creativa
El día que me fui me regalaron dos docenas de medialunas saladas de manteca (!!!!!!) calentitas, oda a la infancia de Jolo; y una Besha billetera turquesa de cuero con cierre y separadores (como la que quería!!!). Adentro es fucsia. Es muy linda y está súper contenta porque la llevo a todos lados.
El viernes me fui como a las 8.30 pm (tarde para mi, siempre rajaba a las 7 cuando mucho). Pixie me puchereó y Mery lloró un poco y Ale hizo de cuenta que no me iba. Y yo las quiero con toda el alma. Jolo me retuvo lo más que pudo charlando de Cupónica y escuchando lo que tenía para decir.
Y todo así, porque al final es cierto lo que me dijo Marie (amiga de taller y nueva redactora): en Cupónica somos como una gran familia.

lunes, julio 11, 2011

Cuponizá tu vida

Retomando.
El jueves hizo un año que volví de Berlín. Empecé a pensar cómo viví esos doce meses. La cuenta es simple: casi 4 meses sin trabajo + 8 meses trabajando como redactora creativa en Cupónica.com.
Alguien me dijo, cuando mi tema de conversación era el desempleo, que conseguir el trabajo que uno quiere lleva tiempo. "A un amigo mío, por ejemplo, le llevó un año", me dijo. ¡¿Un año?! ¡¿Vos me estás diciendo que le llevó 12 meses conseguir el trabajo que quería?! O sea, ¡¿365 días sin hacer lo que le gusta?! Si, uno puede medir el tiempo en la forma que prefiera. Por lo general, cuando estás sin trabajo, todo parece larguísimo. Y cuando conseguís trabajo, sentís que el tiempo vuela, y ya te ponés viejo para hacer lo que querías.
El 2 de noviembre empecé a trabajar en Cupónica.com. Me pasó el laburo Jesi, una amiga de la facultad. Ella se iba a trabajar en el portal de Canal 24 Noticias. Envidia. Obvio. Se iba a hacer periodismo, yo, a trabajar en marketing. Odio el marketing. Me parece un cáncer. Bueno, es un trabajo. Bueno, está bien. Las voces en mi cabeza discutían durante el viaje en colectivo.
Somos un start-up (esa palabra la aprendí en OEI, 4° de la Facultad), me dijo Diego, una empresa chica de 12 empleados. Empecé a trabajar a los tres días. Escribir sobre celulitits, sobre plataformas vibratorias, sobre ofertas en peluquerías. Uñas esculpidas. Sushi. Alisado definitivo. Sushi delivery. A veces ya no sabía sobre qué escribir. Además, tenía a cargo las imágenes. Todo para mañana, por favor. Mucha presión. Excelentes personas trabajaban al lado mío. Alexia era mi jefa. Lety era agente comercial, igual que Flor. Las coordinaba Albert. Ceci era atención al cliente. Max y Diego, CEOS. Dante y Pablo, programadores. Eso era Cupónica al principio. Una vez me fui de la oficina, enojada, porque no me pasaron el material. Estaba todo escrito, y yo lo había escrito de cero sin saber. Otra vez se cayó la propuesta a las cinco de la tarde. Me subió un calor a la cara, me puse roja y me fui a sentar afuera. En diciembre se unió al equipo Carla, agente comercial. Siempre se quejaba de que no le avisábamos cuando pedíamos comida. Le costó acostumbrarse que en realidad no le avisábamos a nadie: entre dos mesas redondas coordinábamos bastante bien a la misma hora todos los días. En enero entró Gaby, otro agente comercial. Trajo un deal para hacer alineación y balanceo por 30 pe. Algunas tardes nos hablaba de sus hijas. Tiene dos nenas, la más grande tiene cerca de 11 años y un Facebook monitoreado. Ese fue un gran mes. Se unióSol. Yo llegué a la oficina y ella estaba sentada en una silla de la otra mesa. "¿Vos sos la diseñadora?", le pregunté contenta con la promesa de hace meses. "No, bueno, todavía no", tenía cara de vergüenza. Estudiaba Diseño de Indumentaria, pero había entrado para hacer trabajo adminsitrativo. Se iba a ocupar de Pagos. Ceci respiraba un poco.  Entró Mery 2 (yo pasé a ser 1), diseñadora, referente de moda cool y genia total. El primer deal que hizo fue Suspensión Ricky, el de Gaby, que todavía me da risa el nombre.
Empezamos a hacer más acciones de marketing, agitar el Facebook. Salimos con Volta. Yoghurt helado Top It se usó hasta el cansancio. Empecé a aburrirme de escribir siempre sobre las mismas cosas. Y me tuve que reinventar.
Recién ahí descubrí la redacción creativa. En mi mente, una idea: hay muchas páginas de descuentos, ¿cómo podemos hacer para que la gente se quede más tiempo en la nuestra? Si bien el objetivo número uno es vender cupones y facturar (oh Yhavhe no permitas que suceda lo contrario), las funciones de Cupónica, a mi parecer, iban más allá. Da a conocer una marca y promociona su nombre, su Facebook, su página web. Cuanto más tiempo estuviera un usuario en nuestro sitio, mejor para nuestros clientes (los comercios). ¿Cómo llamar su atención? Vamos a contarle historias. Así fue. Empezaron a publicarse historias delirantes, con personajes estrambóticos, de nombres raros, a los que le pasaban cosas alucinantes. Raimundo Rogelio Contratiempo, Mecha Marchante (la de las mechas mechudas), Perla Pulidospimpollos, la pareja Ricoeur-Pompidante y hasta el monstruo del lago Ness y Nahuelito protagonizaron historias de no creer. Empecé a pensar acciones de marketing, cosas que hicieran participar a nuestros usuarios. Los relatos se empezaron a explotar más cerca de mi partida.
Las posibilidades reales de irme se dieron a partir de enero. Ese mes puse algo muy copado en la carta de presentación en ZonaJobs y conseguí una entrevista en Turner para trabajar en Cartoon Network. Fue la única vez que uno de esos medios online me rindió. Otra entrevista: para una fundación. En febrero ya sentía el desgaste de trabajar en la actividad comercial y empecé a buscar activamente otra cosa. Decenas de mails por día. Otra entrevista: Xaga, una agencia de publicidad (los de Mamá Luchetti). Entusiasmo y emoción. Pero tampoco iba a ser el camino. Disney, coordinadora de contenidos digitales. Muy buena entrevista, me quedaba a 20 cuadras de casa, pero no daba el perfil.
Me desesperaba, me ponía de mal humor, contestaba mal, mi jefe me preguntaba si estaba indispuesta. Todo eso, y mandar muchos mails por día. Muchos hasta enviarle un correo a Carolina Sturla, mi amiga de taller de escritura.

viernes, octubre 29, 2010

Sobre los proyectos

A mi me costó retomar. En Berlín desarrollé un proyecto de corto documental, presenté la propuesta en la facultad y lo aceptaron. Me lo financiaron y me prestaron los equipos. Salí a filmar a la calle, al subte, al tranvía, hice entrevistas. Lo puse en mi CV, en estado de postproducción. Lo llamé Ausländer, que quiere decrir "extranjero" en alemán. Y desde que llegué no lo volví a mirar. Me parecía que estaba feo, que los planos no eran copados, que no estaba bien filmado, etc. Un día volví a mirar el material. Y me gustó. Y se me ocurrieron ideas y empecé a armar algo. Así fue que edité el trailer, con la ayuda de Diego. Acá lo posteo. Fue muy bien recibido. Yo, por mi parte, me maravillé con los geniales resultados de no abandonar mis propios proyectos.

viernes, octubre 08, 2010

The bright lights

Andrea C. va a ser la estrella de un comercial para la televisión ucraniana de la marca de chocolate Korona. En la sala del estudio, rodeada de personas y arriba de unos tacos de diez centímetros, se ajusta el vestido rojo que tendrá que usar. La maquilladora pasó cuarenta minutos en su cara y el peinador le dejó una cabellera de película. Parece Jésica Rabbit. Es más alta que todos en esa habitación, salvo el galán, que le saca media cabeza. La directora acomoda telas, imagina drapeados. Ponen y sacan alfileres. Andrea C. camina hasta el segundo estudio y a los mirones se le suman todos los de la agencia. Se pone y se saca vestidos rojos. Se para al lado del galán, frente a la luz blanca. Le acomodan el pelo. Andrea C. se cambia el vestido, prueba el segundo vestuario. Ahora tiene una trenza. Andrea C. habla mucho por celular, le cuesta conseguir un pasaje para volver a su ciudad. Habla con un amigo, él le dice que las ventanillas del micro están de paro. Andrea C. vive en una ciudad al lado de San Nicolás.
Andrea C. está preocupada. Quiere volver a tiempo porque al día siguiente es el cumpleaños de su hija. Le prometió que le iba a cocinar todo ella. Le va a hacer empanaditas y esas cosas. Dice que se va a tener que quedar toda la noche cocinando. Andrea C. se apartó un pedazo de tarta de pollo y huevo a la una y media de la tarde y no dió bocado.
Son las cinco de la tarde. Andrea C. se bajó de los tacos. Está en calzas, musculosa y sweater. Tiene unas zapatillas de lona. Pide que le manden un taxi, que se va a Retiro. Come la tarta mientras habla por celular.

En la calle la gente verá pasar una chica común, más o menos alta, con unos ojos azules deslumbrantes y un pelo divino, con sombras de color en la cara, en la cabeza pensando lo que necesita para el relleno de carne.

sábado, septiembre 11, 2010

Cuando él trabaja, yo me siento en la cama a leer.
En ese lugar, con esa almohada, ahí.
No dormir juntos es raro la mayoría de las veces.
A veces él trabaja y yo no estoy, entonces es así, por Skype.