domingo, octubre 11, 2009

Hacemos noche en Berlín


Resulta que al principio íbamos a una lecture. Muy interesante, se llamaba "Una propuesta para promover el arte en la sociedad civil". Una charla: desde el iconoclasmo al composicionismo; la otra: políticas de la agonía y prácticas artísticas. Esto lo mandó Bardhi, un pibe de Kosovo. No tenía nada que ver con ECLA, así íbamos por nuestra cuenta. Era a las siete. A las seis y veinte todavía no habíamos partido. Lucas, el berlinés que venía con nosotros, fumaba afuera y se ponía nervioso, mientras algunos terminábamos de cenar en la cafetería. Y salimos. Y llegamos siete y veinte. Y no había más lugar.
Che, ¿y qué hacemos? No sé, ¿vamos a tomar algo? Dale.
Bardhi me cuenta que hay una ley en Berlín según la cual si un edificio está abandonado durante determinado tiempo, las personas lo pueden ocupar y vivir ahí, o hacer lo que quieran con él. Así que hacia uno de esos fuimos.
La entrada estaba cubierta de afiches, uno arriba del otro, y las paredes tenían grafitis de aerosol en cada centímetro. De tanto en tanto, entre el cemento del piso crecía pasto y había puestitos de artesanías medio destartalados a los costados. Espacios creados con telas arrancadas de algún lugar, luces rojas y azules que salían del piso, o del techo, o de algo que hacía de pared. Caminamos un poco más por el patio, entre cantinas improvisadas con tablas de madera y pequeños huecos de luces blancas. Al fondo vimos un bar que parecía cómodo, tenía sillones y paredes de verdad, y pensamos que estaría bueno tomar algo ahí.
Si, pero hay un ratón atendiendo la barra. Manejate. Yo me empecé a reir maniáticamente con la idea de sentarme y que un ratón me subiera por la pierna y se metiera adentro de la bota, y todos pensaron que era mejor buscar otro bar en el edificio, porque ahí estaba Hugo (el ratón, así se llamaba) con toda su familia.
Después de subir cinco pisos por unas escaleras garabateadas bonitamente, con basura artística en los descansos y ventanas rotas que daban a una Berlín estrellada, llegamos a un bar chiquito. Tenía varios sillones rasgados con mesas bajitas y una ventana enorme que daba a la ciudad. De fondo, una mini bola de boliche escupía verdes, azules y rojos. Delante nuestro, la linda Berlín.
Tomamos cerveza y hablamos largo sobre varias cosas. Yo, con Lucas sobre hacer un documental con otra gente de la ECLA. Luego nos fuimos a caminar por la ciudad, y me di cuenta esa noche lo lindo que es estar aca, arte en todas las esquinas, diseño en todas las vidrieras, y nosotros caminando, por momentos sin rumbo, en la noche de Berlín.

2 comentarios:

Marina Paiz dijo...

que buena onda

Anónimo dijo...

esooooo.... buena onda, me gustan esas descripciones visuales que haces mariaaa, me lo pude imaginar todo en mi cabeza, queria ver fotos de esas paredes llenas de afiches y grafiteadas, pero bueno :(... jajajaj
Que la sigas pasando lindo chica sin apellidoooo
Ari :)