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viernes, octubre 29, 2010

Sobre los proyectos

A mi me costó retomar. En Berlín desarrollé un proyecto de corto documental, presenté la propuesta en la facultad y lo aceptaron. Me lo financiaron y me prestaron los equipos. Salí a filmar a la calle, al subte, al tranvía, hice entrevistas. Lo puse en mi CV, en estado de postproducción. Lo llamé Ausländer, que quiere decrir "extranjero" en alemán. Y desde que llegué no lo volví a mirar. Me parecía que estaba feo, que los planos no eran copados, que no estaba bien filmado, etc. Un día volví a mirar el material. Y me gustó. Y se me ocurrieron ideas y empecé a armar algo. Así fue que edité el trailer, con la ayuda de Diego. Acá lo posteo. Fue muy bien recibido. Yo, por mi parte, me maravillé con los geniales resultados de no abandonar mis propios proyectos.

miércoles, junio 16, 2010

Ay, qué lindo! Sacale una foto

El viernes pasado fuimos con la clase de Arte Alemán al Museo Judío de Berlín. Es un anexo al Museo de Berlín, que se construyó para guardar exposiciones de historia luego de la subida del muro, como una respuesta al bloqueo del tradicional Museo Histórico de Berlín. El Museo Judío fue construído como anexo a aquel que mencioné, y se inauguró en 1999. Es una obra de Daniel Libeskind, un arquitecto descrontractualista genial, que ahora está trabajando en Ground Zero en Nueva York.
El museo es un desafío en términos de construcción. Solamente se puede acceder por el subsuelo, y el plano está dividido en diferentes ejes que se cruzan: el eje de la continuidad, el del exilio y el del holocausto. El eje del exilio desemboca en una de las mejores obras memoriales que vi, el Jardín del Exilio, un patio con columnas altas (entre las que se puede circular) sobre un piso desnivelado. Al final del eje del holocausto está la Torre del Holocausto, un espacio de concreto, cerrado, sin ventanas, irregular y de un techo altísimo.
Entramos ahí con la clase. La puerta se cierra y sólo se escuchan los autos de la calle. La habitación no es un rectángulo, sino un trapecio con un lado recto. Y en ese ángulo agudo donde se juntaban las dos paredes que daban a la calle, se colaba un poquito de luz que venía del sol de afuera. Se movía por las hojas de los árboles. Fuera de eso, la habitación es oscura. El concreto está frío, lo sentí en la espalda cuando me senté en el piso. En eso estaba, pensando qué significaba esa habitación, cuando se abrió la puerta y entró una señora con la audioguía de cinta roja colgada en el cuello. Se tomó cuarenta segundos tal vez, luego caminó a su ritmo de costumbre, tomó su cámara automática con pantallita y le sacó una foto a la luz que se colaba en la parte superior de la pared.
Yo me puse a pensar en la gratuidad que tienen las fotos. Me puse a pensar en qué necesidad tenía esa vieja de mierda de sacar una foto de eso, si claramente la arquitectura está para que la experimentes, la sientas, no la guardes en una foto que no va a comunicar nunca jamás lo que se puede sentir en esa cámara. Me molestó, me imaginé a la vieja tomando té con sus amigas, pasando las miles de fotos de su viaje a Berlín y deteniéndose en esta. "Y esta foto la saqué en la Torre del Holocausto. Este es el único cachito de luz de sol que entra" "Ah... que fuerte".
Luego recordé cuando las fotos eran con rollo. Que había algo excepcional, o que nunca se volvería a ver, entonces se buscaba la cámara y se sacaba una foto de algún momento que fuera digno de recordar. Porque las fotos en ese momento eran caras. Yo me pregunté qué va a recordar esta señora, si ni se sentó a pensar en lo que estaba viendo. Tal vez recuerde la cara de todos nosotros, mirándola a ella -tal vez por eso no tomó más fotos-, o por ahí el chiclik artificial de su Canon compacta. Y por ahí algún día vea esa foto y no se acuerde de qué era, y la borre.

jueves, junio 10, 2010

El marco legal de las cosas

* La primera ley alemana fue redactada en el siglo XVI, y decía cuáles eran los tres ingredientes de la cerveza.
* Cuando Var estaba pensando su segunda instalación de arte, tuvo que replantear lo que quería hacer, porque por ley no se puede partir una heladera a la mitad.
* Cuando estábamos trabajando con luces en el mismo curso (instalación de arte), toda luz que no estuviera apollada en el piso debía estar sujeta con un cordel de metal a un travesaño, porque por ley es ilegal colgar luces sin la cuerda de seguridad.
* Cuando Lars nos fue a buscar a Bolzano, nos dijo que teníamos que viajar lo más rápido posible, porque por ley no se puede manejar más de diez horas seguidas.
* El domingo, antes de volver del mar, vi que había muchas sobras de la barbacoa sobre la mesa. Le dije a Luzie (Berlín) que alguien debería guardarlas en la heladera. Me dijo que no, que era ilegal, que había una ley que decía que no se podía volver a meter en el refrigerador algo que había estado afuera, porque ya estaba contaminado. Yo pensé en Madre y su planificación basada en sobras.

domingo, marzo 07, 2010

Reirse fuerte

Anoche fue el cumpleaños de Anika, la novia alemana de Juanfe, el amigo argentino de un amigo de Diego, y ahora todos somos amigos. Llegamos al lindo departamento en Wedding, y saludamos tímidamente con un "Hallo". Pensamos que todos eran alemanes. Resultó ser que la mitad de la mesa era argentina, y de Zona Norte. En frente nuestro estaban Leo (compañero de trabajo de Juanfe) y la mujer, y al lado de Diego, Tobías, el hermano de Juanfe. Nuestra mitad de la mesa hablaba casi a los gritos, haciendo aire entre las risas, porque hablamos de todo: de cómo en Alemania no saben cortar carne, de cómo traer carne de Argentina, de un sitio que te vende desde parrillas hasta quebracho para hacer asado (que te sale una fortuna), de una parrilla en Kreuzberg, de los títulos de Crónica TV, de los diarios argentinos, chistes de santeagueños, del colegio católico al que fuimos la mayoría de los que estábamos ahí, del Huerto de los Olivos, de la UCA, de la pollerita de las chicas del Praga, del colegio del Estado. Nos reímos de eso y nos reímos de nuestra risa y al final le dije a Diego hacía rato que no me reía tan fuerte.

miércoles, febrero 24, 2010

Hoy cayó más mierda blanca


Paremos un poquito con la nieve, ¿si? ¿Podemos parar? Dale, bueno. Porque ya está, en serio. La primer nevada fue en noviembre, y ya estamos casi en marzo, gente, ya está. Hoy nevó de vuelta. Ya había comenzado a hacer calorcito. Y por esta linda palabra me refiero a los regios 6°C, ninguna locura febreril porteña. Los treinta centímetros constantes de nieve que lengüetean nuestros pies ya casi habían desaparecido. ¿Dale que la cortábamos con el cambio climático? Bueno, que el año pasado a esta altura ya no había nieve.




(*Foto de Diego)
(** El título del post lo tomé prestado de Los Diarios de un Rosarino en Canadá)

martes, enero 12, 2010

Año Nuevo en Berlín

Las personas que encontramos en el camino nos preguntaban "Y dónde van a pasar Año Nuevo?". "Volvemos a Berlín", decíamos siempre. Y ponían cara de "Uf... Berlín" + sonrisa cómplice. Habíamos escuchado que se ponía genial, y decidimos volver. Es raro, pero la vuelta se sentía como volver al hogar.
En los dorms había bastantes pibes que no se habían ido, o que ya habían vuelto. La noche del 31 hicimos una cena entre todos, éramos cerca de quince. Yo llevé torta brownie para compartir, todos aportaron cosas ricas. Había muchas golosinas rumanas y papás Noel de chocolate.
Año Nuevo en Berlín quiere decir fuegos artificiales constantes desde las seis de la tarde. En nuestra calle había tres grupitos de chicos, cada uno con sus municiones bombardeanos el aire. Y a medida que pasan las horas, se escuchan más y más seguido. A las diez y media nos fuimos a celebrar a otro lado. Alina trajo suika de Bucarest, y los demás aportamos vino y cerveza. Con la mochila cargada nos dirigimos primero a la casa de un ex ECLA, y media hora antes de las doce salimos para Mauerpark, uno de los centros de reunión (otros podían ser Brandenburger Tor, Potsdamer Platz, etc). En esa corrida ebria, esquivando patinadas en el hielo que cubre el piso, en ese momento de "Dale, no llegamos, no llegamos!" suena el celular. Padre me dice "Feliz Año Nuevo!", me pasa con Madre, que no me entiende, me pasa con Facundo (mi hermano). A esa altura yo hablaba en un castellano centroamericano inentendible.
Dejé el celular a un lado, nos juntamos en ronda y contamos de diez a cero. El cielo explotaba con colores. Todos nos abrazamos y saltamos. Diego y yo pensamos que er auna buena idea deslizarnos en bolsa por la nieve. Si, completamente ebrios, nos tiramos por esas colinas nevadas que ven ahí. Después nos encontramos con berlineses copados que nos prestaron sus trineos, y nos tiramos varias veces. Los demás se fueron a una fiesta.
Cuando nos cansamos de caernos, subir, tirarnos, caernos, etc; nos dirigimos a la fiesta. Alina todavía tenía dulce suika. En una casa abandonada de Kreuzberg, la gente bailaba y un dj le ponía mucha onda a la noche.
Ahí nos quedamos hasta que nos duró la ronda. Sumergidos en el festejo socializado de Año Nuevo. Eso es celebrar en Berlín.

martes, diciembre 15, 2009

Frases de Diego en Berlín

* ¡No, mirá! ¡Hay queso JA! Llevemos queso JA!, ya fue. JA! me va a salvar la vida acá en Berlín. (Miren la foto, con eso les digo todo. Es marca "pirulitenn")

* - (M) Mirá que no todos hablan inglés, eh.
- (D) ¿Si? A mi en Frankfurt me pasó re poco eso, solamente el 25% no hablaba inglés.
- (M) No, acá en Berlín para mi fue más tipo 60%
- (D) Y eso es porque te ven cara de campo.

* ¿Ves ese tipo que va allá como se corre? La gente se aleja de vos porque te tiene miedo. Mirá como te chorrea sangre de la boca, parece que te comiste una paloma. (El día que fuimos al dentista.)

* Che... mirá lo que es esta heladera... Yo le estoy pagando la universidad al hijo del dueño de JA!

* Te peinabas con lengüetazo de vaca cuando eras chiquita , ¿no? Tenés vestigios de lengüetazo de vaca. Más bien era lengüetazo de dinosaurio.

* Ya está, me volví fan de JA! Voy a sacar el logo de Converse de las zapatillas y les voy a poner esta porquería azul de JA!

domingo, diciembre 06, 2009

Ringbahn party

Yo no sabía, pero es una fiesta tradicional en Berlín. Todo empieza así. Se publica el evento en Facebook. Una hora antes del encuentro, se publica el punto de encuentro y se borra unos minutos después. Esta vez fue en Westkreuz, la punta oeste del subte que recorre la ciudad en redondo. Allá fuimos.
En el camino nos encontramos con Andra, una rumana que trabaja en la biblioteca de la ECLA, y varios más de la comunidad. Al evento estaban confirmadas 2.000 personas en Facebook, y no sé cuántas más había en esa estación. Era imposible caminar. Todos tomando de alguna botella y esperando que pasara algo. Alguien del grupo decidió que subiéramos la escalera, en dirección a la salida, porque la idea era que todos esperáramos ahí y bajar rápido cuando llegara el tren. Ahí se prendió la música y todos se pusieron en la misma sintonía. Grandes masas de pibes y pibas saltando y coreando Seven Nation Army (Oh-Ohoh-Ohohohoh) era un descontrol. Por más que no quisieras, saltabas igual, porque la masa te llevaba. De pronto llegó el tren, con unos pocos asajeros desprevenidos adentro, y el mar de gente empujó para entrar. Nosotros no llegamos, nos quedamos afuera. Todos adentro saltando, algunos vagones se empezaron a sarandear. El tren no quería arrancar. Dejó las puertas abiertas un rato largo, después apagó las luces. Finalmente cerró y se fue, con cientos de pibes adentro. Todavía quedaban otros tantos en el andén. Cuando llegó el segundo tren, entramos. Diego se había convertido en mi segunda espalda. Nos quedamos un rato en el vagón, saltando y gritando, apretados contra cuerpos ajenos. Cuando vimos que este tren no iba a arrancar, nos bajamos.
Ahí todo se empezó a descontrolar más. Algunos se subieron al techo y empezaron a caminar por los vagones, otros se trepaban a las máquinas de boletos. Un pibe prendió fuego un tacho, nosotros olimso el plástico desde la escalera. Más o menos lo que pasa cada tantos meses en la línea Sarmiento - y se llama "la furia de los pasajeros" - acá se hace por joder, es una fiesta. Es algo así como sacarle la lengua a un cana y salir corriendo. El problema no es tomar alcohol en el transporte público, porque es legal y muchos lo hacen siempre. Lo que no se puede es poner música fuerte, hacer pogo en el vagón, romper botellas contra el tren, treparse y esas cosas.
Ahí estábamos, en la escalera, pensando en ir a Wedding, porque había dos puntos de encuentro (algunos decían que uno tal vez era falso), y el otro era ese. De pronto, Andra gritó "¡Viene la cana, viene la cana!", y todos nos metimos en el tren que iba al lado opuesto, no en el que estaban todos. Ese estaba parado hacía poco. Nos subimos y vimos bajar mamotretos vestidos de azul, con palos en la mano. Che, que bueno que nos subimos al tren. Si, mal. Si... che, no arranca igual esto. Se apagaron las luces. El tren no iba a salir jamás. Nos bajamos y salimos de la estación. En la puerta había cinco combis de la Polizei, las esquivamos con cara de fin de semana y caminamos al autobus. Fuimos a Wedding.
Allí estábamos, esperando el tren, cuando cayó un grupo de pibes con una mochila y parlantes que musicalizaban la estación. Nos pusimos a bailar en el andén y nos sumamos al grupo. Cuando llegó el tren todos subieron, menos yo, que estaba esperando que Diego volviera del kiosco. El vagón se hizo pogo. Yo le pedí a Dana que Andra me llamara y me dijera dónde iban a estar.
Luego quisimos alcanzarlos, pero fue imposible. Andra me llamaba cada diez minutos para decirme que cambiaban de posición. Nos bajamos en Wedding, y cuando quisimos volver al tren, tres policías - esta vez vestidos de verde y más protejidos - nos dijeron que no podíamos usar esa estación. El último llamado de Andra me dijo que había llegado la policía y que se tuvieron que dispersar. Habían perdido a varios del grupo y la fiesta se disolvía en las calles de Berlín.
Diez minutos después de llegar a Pankow, Dana golpeaba fuertemente nuestra ventana. Había perdido la llave y necesitaba entrar. Dijo algo más sobre la suerte que tuvo de enganchar el tram, que ya no podía estar parada y que había perdido a los otros. Yo la escuchaba a medias, sin decidirme entre quedarme en este mundo o perderme en pesadillas de trenes que se prenden fuego y policías pacifistas.

viernes, diciembre 04, 2009

Sacate un par de muelas en Berlin. Dale

He perdido el juicio completamente. Ahora es médicamente comprobable. El viernes fui a sacarme las dos muelas del juicio que me quedaban.
Todo empezó por dos inflamaciones seguidas de la muela de abajo. Con terrible dolor - que no se iba solo, a pesar de mis esperanzas sin ibuprofeno - fui a ver a Katharina para que me sacara turno con el dentista del seguro médico. Tuve suerte: el mismo jueves a la noche fui a verlo. El doctor Olaf es un hombre grande, alto, barrigón y, en general, redondo. Muy alemán. Me apretó la mano fuerte y me examinó. Me desinfectó y me dijo que era mejor sacar la muela.
Luego de hacerme rayos x, me dijo que la muela de arriba tenía una caries enorme, que pronto iba a llegar al nervio, y que no podía perforar. Que también la tenía que sacar. Ok.
Y todo eso de arrancar dientes sucedió hoy a las once de la mañana. Al doctor Olaf le parecía gracioso que yo me pusiera colorada por el dolor. Después de darme inyecciones me miraba y decía "Jeje, ¡Blush!", mientras estiraba los dedos en dirección a la frente, imitando el recorrido de mi sangre por la cara.
Tardó una hora en hacer todo, y me regaló las muelas. Miren, acá están.

*Manejate

lunes, noviembre 09, 2009

9 de noviembre en Alemania

Hoy, desayunando en la cafetería, escuché este tema. Era otra versión, de estudio, pero digamos que así arrancamos el día en Berlín.


Porqué no es feriado
El nueve de noviembre, según el año que acompañe, tiene diferentes significados en la historia alemana. En 1918, marcó el fin de la monarquía y el comienzo de la Weimar Republic. En 1923, fue la fecha del intento de golpe de Estado de Hitler y miembros del Partido Nacional Socialista de los Trabajadores. Fue a prisión entonces, donde escribiría el libro que hoy está prohibido en Alemania. En 1938, con Hitler en el poder, el 9 de noviembre tuvo lugar la Noche de los Cristales Rojos. Se destruyeron 1400 sinagogas entre Alemania y Austria, más de noventa judíos fueron asesinados, y miles arrestados. El 9 de noviembre de 1989, cae el muro de Berlín. En Alemania no es feriado porque no queda claro si el día sería para conmemorar, para festejar, para honrar víctimas.

20 Jahre Mauerfall Fest der Freiheit

A las seis salí de Pankow para llegar al festival en conmemoración de la caída del muro. El evento era en las Puertas de Branderburgo, a unos cuarenta minutos de mi residencia. Fui con Candela, otra argentina. Ya cuando pizamos Alexanderplatz, era un mundo de gente, todos agolpados contra la reja que separa a la multitud de la pieza principal: el dominó artístico que representaba al muro. Caminamos como pudimos, abajo de la lluvia (no podía no llover en Berlín un 9 de noviembre...), atravesando charcos con botas, una cámara de video profesional, otras fotográficas y mucha buena onda. Caminando en un mar de gente, las aguas se hicieron densas y llegamos a una baranda. Una barrera. O eso pensamos. En verdad no había nada, solamente policías que decían que no podíamos pasar. El concierto de Barenboim estaba por empezar y todavía estábamos lejos. La gente protestaba, algunos comentaban que el muro había vuelto, y una chica menudita de campera blanca, se deslizó por un hueco y salió corriendo. Cinco minutos más tarde, todos empujábamos. Finalmente pasamos.
Nos ubicamos en un hueco desde donde veíamos un pedazo de la Branderburgo y la pantalla gigante. A un metro nuestro, el comodín.
A pesar de la charlatanería, pudimos escuchar algo del Maestro. Fue increíble presenciar los discursos de los líderes mundiales ahí, a unos cuantos metros de donde estábamos paradas. Fue increíble y confuso. Primero habló Klaus Wowerein (el alcalde de Berlín), luego Sarkozi. El presidente francés (sans Carla) habló de que lo que sucedió en Berlín fue un acontecimiento para el resto del mundo, una experiencia compartida. Siguió Dmitri Medvedev (presidente de Rusia). Siguió Gordon Brown (Primer Ministro de GB). Dijo que lo que pasó en Berlín, pasó en todo el mundo. Que es un ejemplo de lo que puede lograr la gente cuando se mantiene unida para luchar en contra de la represión, en contra de la tiranía y en contra del calentamiento global (?). Si. Incluyó eso en la lista. Si. De las cosas que el Ser Humano tiene que dar batalla. Bueno. Ah, si, y Gran Bretaña sigue estando en el corazón de Europa. Ok. Siguió Hillary, lovely Hillary que movía la cabeza al ritmo de la Sinfonía 7 de Beethoven. Habló de cómo lo que pasó en Berlín en verdad lo vivió todo el mundo, como una manifestación de la Humanidad a favor de la libertad de expresión. "Y ahora los dejo con un hombre que ha atravesado muchos muros..." luego de presentar al presidente de Estados Unidos como a un héroe o estrella de rock comprometida con la paz mundial, se proyectó un cordial saludo de don Obama. En ese espacio, Barack usó su tiempo y el de los berlineses para recitar una parte del preámbulo de la Constitución norteamericana, habló de la libertad como valor por encima de cualquier otro y de cómo lo que pasó en Berlín lo vivió el mundo entero. Cerró los discursos Angela Merkel.
Luego, dos presentadores de televisión hicieron entrevistas a Mikhail Gorbachev y Hans-Dietrich Genscher, entre otros. Tocaron don bandas alemanas y Bon Jovi (?), que estuvo presente el mismísimo día de la caída del muro, con su pica de mano y sus rulos ochentosos, escarbando el concreto para llevarse un memento.
Finalmente, empujaron la hilera de dominós en tres momentos diferentes. La que estaba delante nuestro fue la última. Para ese entonces, ya éramos todos bastante amigos en los diez metros cuadrados que nos rodeaban. Los de adelante cerraron el paraguas, el francés que se enojó porque me paré entre él y su amigo ya me apreciaba y habíamos logrado un aire de convivencia aceptable, casi feliz. Cuando pasaron las fichas gigantes (pintadas por artistas, niños y gente común de todas partes del mundo), la gente gritaba y aplaudía. Una sensación increíble de estar viviendo este festejo en comunidad. La noche cerró con un cielo incediado de fuegos artificiales.

jueves, noviembre 05, 2009

En Berlin se cansó de llover y empezó a nevar

Es una mezcla de cosas.
Ayer estaba en la clase obligatoria, la de Historia Intelectual donde estudiamos la República. Estaba dando la conferencia uno de mis profesores favoritos, Jarrell. De pronto encontré que estaba diciendo cosas muy parecidas a las que se me ocurrieron a mi cuando lei el segundo libro, en el que Sócrates decide inventar la ciudad teórica. En resumidas cuentas, el septuagenario irónico quería construir una ciudad para ver ahí - en una escala grande - cómo surgía la justicia y la injusticia; para luego ver si alguno de estos elementos se repetía en el ser humano - como individuo, escala chica. Yo intuyo que la justicia se va a dar en cómo uno se relaciona con los demás. Si trasladamos esto al Ser Humano, mi tesis era "un Ser Humano justo será aquel que se relacione en buenos términos consigo mismo, es decir, que se mantenga sincero con sus propios valores". Gerald habló no exactamente de esto, pero si de la relación Ser Humano - Ciudad. Estuvo interesantísimo (si a alguien le copa, hago otro post con todo lo que anoté).
Cuando terminan estas conferencias, siempre hay un espacio para hacer preguntas. Y yo participé un montón. O sea... ¡Yo participé un montón! ( = tono de sorpresa). Digamos, hasta antes de ayer, me sentía que por ahi no estaba en el lugar correcto. El idealismo me da un poco de alergia, y más de una vez pensé "guaichis, que inteligente, cómo se le ocurrió eso...". Y de pronto estaba en el Lecture Hall, ahi, haciendo observaciones sobre el hombre, que sacrifica su individualidad en pos de la vida en comunidad, y que esto vuelve sobre él con beneficios, y que los griegos no tienen una palabra para diferenciar la individualidad de cada uno... En fin, mis pensamientos me tomaron por sorpresa. Como que entraron en mi cerebro y me dijeron "Che, vi luz, entré".
Y en ese preciso momento en que Gerald me estaba respondiendo, me pareció ver detrás de él que las gotas de la lluvia incansable (que nos había acosado los últimos tres días seguidos) se hacían más gordas. De pronto ya no eran casi imperceptibles, tenían un color: blanco. Ya no caían con tanta fuerza, flotaban. Había empezado a nevar. En media hora, los suelos se cubrieron de blanco.
Y en la cafetería, Una me dijo: "que buen punto que hiciste, me despertaste. Me estaba quedando dormida". Bueno, que lindo. Por dos motivos. Uno, a una compañera le pareció interesante también lo que yo tenía para decir. Dos, parece que no soy la única que se queda dormida en clase.

lunes, noviembre 02, 2009

Sobre muros


Recién vengo de la clase de Alemán. Teníamos que escribir de tarea un párrafo sobre alguien muy famoso de origen germano (Alemania, Austria, Suiza). Yo escribí sobre Franka Potente. Y al terminar de leer, inevitablemente se habló de cine.
A Dirk no le gustó "Corre, Lola, Corre" (1998). A mi me encantó y a Bori (Hungría) también. Los demás no conocían la película (creo que tiene que ver con que tienen menos de 20 años). Luego se habló de "Goodbye Lenin". Debo haber visto esa película dos o tres veces fácil, porque me encanta. Me acuerdo que la primera vez la vi con mi hermano en el living de una de nuestras casas. A Dirk y a Bori no les gustó esa película. "Es la típica visión que tienen los del oeste sobre lo que piensan que era la vida en el este", dijo el profesor. Seguido de eso agregó que a la mayoría de los que vienen de países del este no les gusta esa peli.
Otra, tiene que haber otra. "La vida de los otros", dije. Excelente película. No, tampoco. David (México) mencionó "Fitzcarraldo". Y esa parece que le gustó. Yo dije que me sentía muy del oeste. "Es que sos, buey", me dijo David.
Ahora necesito conseguir esa película. Necesito entender el otro punto de vista. Hasta ahora lo ignoraba. Hay cierta facilidad en dividir el mundo en Oriente y Occidente, pero me parece que las cosmovisiones son muchas más. En Berlín se nota la gente que es del Este y la que es del Oeste. Pasaron 20 años pero se nota igual. Porque a veces, si, no hay muros en concreto, ¿no? Pero me da la impresión que sigue habiendo diferencias, divisiones. Y se me escapan esas diferencias de percepción.

jueves, octubre 29, 2009

Derribando muros

Yo nací y me crié en Berlín oriental. ¿Porqué quise pasar al oeste...? Eh... Me sentía oprimido. No me sentía en plena libertad. Quería conocer, viajar. Ir a Paris, a Venecia, conocer el mundo. En Alemania oriental era imposible hacer eso. Por eso decidí cruzar el muro. La primera vez no pude, la segunda lo logré. Y era considerado un criminal por abandonar mi país. Había gente que cruzaba porque quería ganar más dinero, o poder comprarse más cosas, tener un mejor auto. Yo no. Yo quería conocer qué más había ahí afuera.
Y viví dos semanas como prófugo en Berlín oeste. Estaba trabajando de mozo en un bar la noche que se abrió el muro. Había escuchado algo en la radio, pero no entendí bien. Así que cuando llegué a mi casa, llamé a una amiga, que también era refugiada del este. Decidimos ir al lugar, a ver qué pasaba. Llegamos a Hamburger Bahnhof y era un caos de gente. Nadie sabía bien bien lo que pasaba, ni siquiera los oficiales. La gente del lado oeste estaba esperando para ver si podían pasar, y los del este también. De pronto se abrieron los controles y las personas, en bandadas, se mezclaron, los del este al oeste, los del oeste para allá. Todo era una confusión. Recuerdo que un hombre me vino a pedir monedas para hablar por teléfono con su familia, y en medio del entusiasmo le di cinco marcos, que en aquel entonces era bastante. Y de todas formas no le servía, porque era billete.
Mi amiga y yo estábamos parados y teníamos miedo de pasar. Eramos prófugos ante la ley. La línea estaba ahí, a un metro, gente yendo para todos lados, pero no podíamos dar el paso. Le preguntamos a un oficial, y nos dijo que pensaba que no habría problemas. Antes, si te atrapaban, eran mínimo dos años de prisión. No nos conformamos. Buscamos al oficial de mayor rango, y nos confirmó que podíamos volver al este.
Fue una alegría inmensa. Enseguida fuimos a buscar a otra amiga, que se había quedado en el este. Ella me había guardado algunas cosas de valor de mi departamento cuando yo me fui, antes de que vinieran del Estado a clausurarlo. Se llevó fotos, libros, cosas así. Estaba durmiendo, eran las doce de la noche. Le tocamos timbre. No entendía nada, imaginate, cuando ella se fue a dormir el muro seguía en pie. No entendía como estábamos ahí. Le dije, "dale, cambiate, vamos a la frontera que se abrieron los controles". Y nos fuimos al muro a festejar.

Dirk (profe de alemán) me cuenta su historia y se emociona. Los ojos le brillan; a mi se me hace un nudo en la garganta y se me eriza la piel.

domingo, octubre 18, 2009

Clubbing

Ahí no más de Alexanderplatz, ahí nos bajamos y caminamos por la calle, desierto mojado, el clima estaba húmedo y el frío no lo sentimos, el vodka en sangre siempre es calor; hacer una cola de cinco personas, Alina me presta porque no tengo plata, le debo €10, sello en mano, "pasala lindo", entrás.
Bajás la escalera, un cola de quince personas, dejás tu abrigo, vas al baño y manejate. Manejate con que hay mingitorios y el tema es mixto, salís del privado y en la pared de enfrente hay un pibe haciendo pis, ok.
Subís, vas a la pista, la gente baila y mueve los brazos, una banda de personas con rastas toca electrónico, y no hay reggaetón, pero se baila igual, ¿si? Si, se baila igual con la cadera, copado; te tira onda una mina, te tira onda un chabón; la gente no se toca, caminás y no sentís pieles ajenas, vas, venís, bailás, las personas le gritan al DJ, él le da lo que ellos quieren, gritan más, etc.
Las piernas ya no responden, el pelo se pega con sudor a la cara, los flashes blancos ya no están tan copados, es hora de irse; buscamos abrigos, carteras, en el sillón del lobby un chico pasa vomitando mientras camina, encontramos a Emma, perdemos a Aneesa, nos tomamos el subte, nos tomamos el tram. Hacemos noche en Berlín.
Hoy es domingo, y en Pankow salió el sol.

lunes, octubre 12, 2009

domingo, octubre 11, 2009

Hacemos noche en Berlín


Resulta que al principio íbamos a una lecture. Muy interesante, se llamaba "Una propuesta para promover el arte en la sociedad civil". Una charla: desde el iconoclasmo al composicionismo; la otra: políticas de la agonía y prácticas artísticas. Esto lo mandó Bardhi, un pibe de Kosovo. No tenía nada que ver con ECLA, así íbamos por nuestra cuenta. Era a las siete. A las seis y veinte todavía no habíamos partido. Lucas, el berlinés que venía con nosotros, fumaba afuera y se ponía nervioso, mientras algunos terminábamos de cenar en la cafetería. Y salimos. Y llegamos siete y veinte. Y no había más lugar.
Che, ¿y qué hacemos? No sé, ¿vamos a tomar algo? Dale.
Bardhi me cuenta que hay una ley en Berlín según la cual si un edificio está abandonado durante determinado tiempo, las personas lo pueden ocupar y vivir ahí, o hacer lo que quieran con él. Así que hacia uno de esos fuimos.
La entrada estaba cubierta de afiches, uno arriba del otro, y las paredes tenían grafitis de aerosol en cada centímetro. De tanto en tanto, entre el cemento del piso crecía pasto y había puestitos de artesanías medio destartalados a los costados. Espacios creados con telas arrancadas de algún lugar, luces rojas y azules que salían del piso, o del techo, o de algo que hacía de pared. Caminamos un poco más por el patio, entre cantinas improvisadas con tablas de madera y pequeños huecos de luces blancas. Al fondo vimos un bar que parecía cómodo, tenía sillones y paredes de verdad, y pensamos que estaría bueno tomar algo ahí.
Si, pero hay un ratón atendiendo la barra. Manejate. Yo me empecé a reir maniáticamente con la idea de sentarme y que un ratón me subiera por la pierna y se metiera adentro de la bota, y todos pensaron que era mejor buscar otro bar en el edificio, porque ahí estaba Hugo (el ratón, así se llamaba) con toda su familia.
Después de subir cinco pisos por unas escaleras garabateadas bonitamente, con basura artística en los descansos y ventanas rotas que daban a una Berlín estrellada, llegamos a un bar chiquito. Tenía varios sillones rasgados con mesas bajitas y una ventana enorme que daba a la ciudad. De fondo, una mini bola de boliche escupía verdes, azules y rojos. Delante nuestro, la linda Berlín.
Tomamos cerveza y hablamos largo sobre varias cosas. Yo, con Lucas sobre hacer un documental con otra gente de la ECLA. Luego nos fuimos a caminar por la ciudad, y me di cuenta esa noche lo lindo que es estar aca, arte en todas las esquinas, diseño en todas las vidrieras, y nosotros caminando, por momentos sin rumbo, en la noche de Berlín.

jueves, octubre 01, 2009

The Story of Berlin


El martes fuimos al museo "The Story of Berlin" (La historia de Berlin). Fue una experiencia interesante. Yo diría que el objetivo de todo el circuito era, además de conocer hechos y formas, que uno pudiera sentir como se vivía en cada momento clave de la historia de esta ciudad.La primera parte fue recorrer un refugio anti-bomba atómica. Nos mostraron un sótano donde vivieron durante dos semanas 2.000 personas. Esta fue una de las partes que más me impresionó. El cieloraso era bajo y las lucez, azules. Las "camas", una suerte de estantes de alambrado
suspendidos unos encima de otros, ocupaban gran parte del lugar. Se preguntarán porqué los baños privados tenían cortinas en vez de puertas. La verdad que no, pensé yo. Debe ser para ahorrar en costos, digamos, por el mismo motivo que no había almohadas.

Era para que las personas no fueran a encerrarse para suicidarse en soledad, dijo la guía.
El cuarto de enfermos tenía en el fondo una fila de bolsas negras del tamaño de personas, y yo me pregunté si así apilaban a los muertos del lugar.










Al finalizar el recorrido del refugio, la guía preguntó si alguien quería probar las camas, y muchos lo hicieron, pero a mi me dio impresión.











Luego, arriba, había varias instancias en el recorrido. Una de las que más me impactó fue la de la pluralidad religiosa en Berlín. Era un cuarto todo iluminado (por eso algunas fotos parecen quemadas en el fondo... sólo piensen que las personas están iluminadas por Dios =]) con un mueble circular en el centro.
En una de las puntas había una triple cajonera, una para cada una de las religiones monoteístas. Cada cajón mostraba los elementos fundamentales de cada religión: la Biblia, la Tora, el Corán, etc.

Cada cajón del mismo nivel tenía cosas diferentes, pero el último cajón de los tres era igual: un espejo. A mi me pareció una linda idea, y le saqué una foto.










Más tarde, una chica, al abrirlo dijo "This is soft knowledge! (no sé cómo traducir esto... algo así como filosofía básica) Get to know yourself!" (Conocete a ti mismo). Al fin de cuentas, ese es el punto de todas las religiones, ¿no?








Luego recorrí toda la parte del antisemitismo.




Finalmente, la del Muro.

Cuando uno llega a la etapa en que se puede atravesar la pared, y literalmente hay que hacerlo para salir del museo, un guardia le pide al pasante los papeles en alemán. Luego sigue gritando algunas cositas, que no pude deducir, pero me gustaba pensar que se enojaba porque no le daba nada y pasaba de todos modos.
Y ahí no más, a la salida de todo ese camino histórico, por supuesto, el giftshop.