domingo, febrero 07, 2010

Bruselas, a la casa de Gönna


Conocí a Gönna cuando hice el seminario en Austria, en 2008, el mismo lugar donde conocí a Sarah. Ella es alemana, así que cuando supe que iba a estudiar en Berlín, le avisé. Me dijo "Buenísimo, pero yo vivo en Bruselas. Vení a visitarme cuando quieras!". Así que hacia allí nos dirigimos después de Amsterdam.
Bruselas es una ciudad curiosa. Hay dos idiomas oficiales: francés y neerlandés. O sea que todo, todo está escrito dos veces (las calles, las publicidades, los avisos...). Gönna y Tibault nos hospedaron en su casa, un departamento chiquito y muy cálido cerca del centro. Dormimos en un sillón que se hace cama en el pasillo entre su pieza y la cocina, en el último piso de un edificio flaquito cerca de una calle poco circulada. Compartimos muchas cosas. Ellos nos llevaron en salidas con sus amigos la segunda noche. No hay ninguna comida típica en Bruselas, pero si son famosos por sus papas fritas. Tienen unas cincuenta salsas diferentes para comerlas, y el local más popular es un quiosquito en el medio de una plaza, que tira humo por un ventilador agotado. Probamos papas fritas en diferentes locales la primera noche. La segunda, Gönna me preguntó si había una comida típica argentina, así que Diego y yo hicimos empanadas de carne y otras de caprese. Ella y Tibault se re entusiasmaron haciendo repulgues.
El fin de semana se fueron a Estocolmo, y nos dijeron que nos quedemos en su departamento. Diego y yo aprovechamos para conocer más. Bruselas es una ciudad confusa. No hay nada que sea propiamente de esa ciudad, que tenga algún peso histórico. Visitamos el Manneken Pis, una estatuita diminuta que casi no vemos, de un nene haciendo pis en una fuente (?). Por otro lado, Bruselas se presenta como LA CIUDAD cosmopolita. Entrar a un bar es escuchar cuatro idiomas diferentes hasta llegar a la propia mesa. Además, existe un colegio para los hijos de los funcionarios de la Comisión Europea, donde eligen en qué idioma quieren aprender cada materia. Esto me lo contó una amiga de Gönna, cuando le pregunté cuál era la lengua madre de su novio. "Uf, es que él no tiene lengua madre. Fue al Colegio Europeo desde chico, así que habla cuatro idiomas a la perfección". Yo creo que esta diversidad cultural y tolerancia es lo que caracteriza a la ciudad.
Visitamos Atomium, un "monumento" alejado del centro de la ciudad, que se construyó para la Exposición Universal de 1958, la primera después de la Segunda Guerra Mundial. En aquel entonces, y después de tremendo desastre, se planteó el evento como verdaderamente universal. Quería transmitirse un mensaje de tolerancia y multiplicidad, una voluntad por mantener la paz entre naciones. Una de las formas en que se hizo esto fue el empleo de asesoras políglotas que ofrecían ayuda y promocionaban la exposición en toda Europa. En aquel momento era el pabellón principal de la exposición, hoy en día es una bella estructura desde donde se puede mirar la ciudad. Tiene exposiciones sobre futurismo y la idea de modernidad entrando los '60, además de otras exhibiciones temporales.
Esa visita estuvo muy linda también. Lo único negativo fue el domingo, cuando quisimos volver a Berlín y no pudimos, porque el tren se había cancelado. Tuvimos que sacar pasaje para otro tren, y esperar tres horas. En frente nuestro, una loca con barba hablaba con el viento, y Diego me decía que le gustaría saber francés para poder hablar con ella. Yo miraba el reloj y contaba los minutos de a veinte, mientras trataba de resolver un sudoku.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente descripción de Bruselas. Parece que hubo menos escabio que en Amsterdam...

Anónimo dijo...

El escabio atrofia neuronas o las potencia? O depende del 'nivel del escabio'? Porque a mí lo de Amsterdam también me gustó, aunque reconozco que parece escrito en medio de 'otro estado mental'...Je....